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miércoles, 16 de agosto de 2017

Poeta en La Paz- Parte I

Llegó el lunes, con la primera luz del
altiplano, ajeno al sueño, con deseos
de aventura, de conoce, de letreros
desconocidos nombrando cualquier lugar. El


camino, aunque sencillo, es desconocido.
Con la mirada de aquel que no conoce,
como un niño en su primer roce 
con el mundo exterior. Limpio

de expectativas, pero no de deseos,
deambula por las calles observando
cada farola, cada vado
donde alguien dejó un modesto

"yo estuve aquí" a modo de firma.
Las caras, aunque poco conocidas
muestran una amabilidad nunca vista
hacia los extraños hacia esta cima.

Edificios que desafían la altitud 
ya conseguida, cuestas capaces
de quitar el aliento a la juventud
que conquistó sus calles.


Mujeres con sus puestos ocupan
las aceras, ofreciendo al transeúnte
todo tipo de manjares. Un lugar
de comercios aquel que busca


descubrir lo que no se ve:
sabores, olores, colores, sonidos
que colman los comercios
de La Paz, vengan a ver.



viernes, 16 de junio de 2017

El viento del norte

La retirada progresiva de la luz fue tomado por el viento como inicio para su rebelión. Comenzó como un susurro liberado, antes preso tras unos labios. Poco a poco se hizo grande, recorrió las calles con la ferocidad del rugido de un león, traspaso el trafico, las luces, las parejas y sus sueños.
Anunció su llegada golpeando ventanas, escaparates, desordenando cabelleras y haciendo ondear las cortinas de su cuarto como si de banderas se tratasen.

Entró, de nuevo, por la ventana, lanzó los papeles por el aire y se sentó en el medio de la habitación entre la ropa y los restos de algún sueño ya olvidado. Pese a la energética entrada, digna de un ejercito, traía recuerdos del norte, como el invitado que agradece su invitación con un presente. 

Se desnudo, dejando en el suelo el calor de la capital, las prisas, el ruido, la tierra... todo aquello que podría hacer que fuese confundido por su procedencia. Estaba claro que era extranjero, del norte, de lejos. Sin previo aviso se levantó e invitó al huésped a cerrar los ojos. 

Al inspirar reconoció aquel familiar olor, como si se tratase de un amigo, alguien que le había acompañado tantos y tantos años. Olía a lluvia, a tormenta, a rabia desbocada, a alegría. A paraguas, a prisas, a piel mojada, a risas.
Era la primera bocanada de aire al abrir una mañana la ventana y encontrarse un mar de nieblas entre el que el sol naufragó. Era el secreto de un viejo bosque que nadie hubo pisado en años. Era una trampa de fino hilo de araña donde algunas imprudentes gotas cayeron presas. 
Era el viento que robaba los restos de cada envite en la interminable lucha entre el mar y la tierra. Era el viento que se escapó del paraíso natural, era su viento.

Lo guardó dentro, muy dentro, como si se tratase de un tesoro. En realidad era un tesoro, era su tesoro y así seguiría siendo.

domingo, 5 de marzo de 2017

Lunes

El despertador, como de costumbre, había transformado la oscuridad en un intento de despegar los parpados. Salir de la cama, dar el salto hacia el nuevo día, no apto para acrofóbicos. Enfocó sus pasos a ritmo de la rutina hacia el baño. Se desvistió con la torpeza que caracterizaba a los lunes, encendió el calefactor y se metió a la ducha.
Con el agua perdió el sueño así como la noción del espacio, cerró los ojos y soñó con mil historias de esas que nunca se cumplen. Los volvió a abrir, había decidido terminar por esta vez las historias mentales en las que él era el único personaje. Salió del húmedo y cálido hábitat que había alimentado sus sueños para poner los pies en la realidad fría.
Limpió con la manga del albornoz el vaho del espejo esperando encontrar algo espiando desde la niebla, alguna historia de película, un dibujo de cómic para arrancar una nueva serie. Aquella tampoco era la excepción que cumpliera esas fantasías. A cambio el espejo le devolvió una imagen húmeda y despeinada que parecía ausente. Se sentó en silencio perdido, de nuevo, en sus recuerdos, nada nuevo. Se preguntó cómo sería vivir detrás del espejo.

viernes, 24 de febrero de 2017

El beso

Había llegado el momento, algo se lo decía. Tal vez  fuera la carrera
que había emprendido el corazón contra el segundero, reflejando que la
velada estaba tocando a su fin. Quizá fuera la mente buscando el
siguiente día para volverle a  ver.

 Las manos, antes unidas,  pasaron a la soledad del momento mientras
los brazos buscaban la forma de resumir en un abrazo todos los
sentimientos callados.

Sin quererlo llego la despedida, las miradas se
perdieron en la inmortalidad del momento y con el primer beso, dieron
vida a algo cálido y sincero.

jueves, 20 de octubre de 2016

Jaula de grillos.

A modo de introducción 
un pasillo. El camino
de baldosas pulcras sigo
hacia las dos puertas de cartón.


Recorro con la mirada
el espejo. "Bienvenido."
dice la sonrisa que comprimo
entre pensamientos y esperanzas.


Inspiro, espiro, cuento 
las puertas sin salida 
situadas a cada esquina
de este pasillo recto.


Diviso la cercanía
de la frontera entre
el exterior y, en frente,
la idea de mejoría


que se desvanece,
otra tarde más. Tardé
¿cuántas baldosas? Diez
en perder la sombra


que dibujaba la sonrisa
situacional. ¿Qué ironía no?
engañarse cada domingo
con historias repetidas.



Entro en la jaula de
grillos al sonido
neutro de "Hola", rítmico
mecanismo de presentación. Me


acompaña la blanca serenidad
de aquel que mira cada día
a los huéspedes de esta fría
escena sin sentido, ¿verdad?


"Uno dos tres cuatro cincocincocinco cinco"
y el sonido se repite, desde el este,
recitando tantos números como puede,
"Uno dos tres cuatro cincocincocinco cin[...]"
Y a volver a empezar (-Cinco!)
"Uno
Dos
[...]"


"¡¡MADRE!! ¡¡MADRE!!" el eco 
que conquistó el sur, clama al
cielo Dios sabe qué. Da 
la impresión de querer


llamar a alguien que no
estuvo ayer, ni estará
hoy en esta jaula. -¿Será
que veo diferente? ¿Yo?


-Hola, ¿qué tal?
-Hola abuela.
-Ha venido mi hijo a verme.
-Tu nieto, abuela. *sonrisa*
-Eso. 


Se me encoge el corazón
solo de escribir esto,
la idea de saber que no
hay vuelta atrás. Miedo


al día que no me recuerdes,
miedo a perder lo que queda
de ti. Miedo, miedo MIERDA!
Otra vez mojé el cuaderno.


Desvío la mirada recorriendo
la sala en busca de los habituales,
presentaciones a parte,
otro día más, estamos todos cuerdos.


Con el golpe arrítmico que señala
su presencia, acompaña el sonido
de una radio nuestro amigo
el hombre de las canciones clásicas.


También está la Bailarina,
la Andadora, la Dormilona,
el Fumador. todos y todas
reunidos otro día más. Risas


a cada historia
porque pese a ser
una colección repetida
siento tu querer


en cada comentario.
"Feo", lo más bonito
que jamás salió de tus labios.
Lo atesoro con el rugido


más feroz que tengo.
¡ES MIO, MIO, MIO!
Nadie llegó tan dentro
con una sola palabra. Soy el crío


que vuelve a descubrí
entre tus palabras cada
mirada de amor anclada
en mi corazón. Sentir


con cada palabra el devenir
del tiempo en su cabeza.
¡DEJADLA EN PAZ! Dejad
que conserve lo que sentir


sintió a lo largo
de sus años.
Por favor, dejas de jugar
con sus recuerdos. Piedad.




martes, 27 de septiembre de 2016

Peonza

Cuando las luces se apagan, cuando la
cuerda que rodea la peonza
está lista para lanzar, toma
carrerilla, y ahí va; una noche más.


El hueco, tras el impacto certero
que la punta dejó en el suelo
y rueda y rueda, sin salir
del hueco, preso del movimiento. Sentir


cómo todo gira, gira y gira;
y cada día, una vuelta,
y dos, y tres, sin puerta
de emergencia, ¿dónde está?


Rodeando el ronco relámpago
que refleja la rueda que describe,
la realidad revela ruido raso
que retumba entre el relieve


que conforma el parqué. Erre.
Erré al abrir los ojos, confundiendo
la imagen creada, percibiendo
lo que quiero ver. ¿Ves?


Seguimos dentro de la peonza,
a la espera de que pare,
pero no buscamos la forma
de dejar de lanzar la a cada hora.



lunes, 12 de octubre de 2015

Confesiones Nocturnas II

Recorriendo los paisajes nocturnos
que almacené, a granel, con la idea 
de poder visitar en las serenas 
noches de luna llena sobre cielo oscuro.


Confieso imaginar extraños personajes 
merodeando por las oscuras calles que 
la ventana  nos permite ver
agazapados tras el juego de faroles


y sombras proyectadas. Confieso haber
divagado entre hechos, recuerdos y tormentas;
admirar los truenos morir antes estrellas.
Confieso haber entablado, por escrito,



un pacto con mis diablos, a la espera
de reducir mis noches en vela, en
pos de un sueño por el que esperé
milenios. Tomé declaración ciertas


noches a lágrimas suicidas, que surcaron
mis escarpados pómulos consumidos
en busca de un final con peligro
de precipitarse hacia el pasado.


Consumí la permanencia de la luna
contando heridas, escribiendo salidas,
enterrando fantasmas, planeando huidas
para evitar mis confesiones nocturnas.